Cuando el banco de inversión estadounidense JP MorganChase desplegó una suite interna tipo chatbot para decenas de miles de empleados en el verano de 2024, puso de manifiesto la necesidad de contar con un director de proyectos capacitado para coordinar todas las áreas implicadas, desde CISO a D&A y compliance, aterrizar el valor rápido sin abrir riesgos ni brechas de confianza y gobernar los datos, permisos y auditoría.
La aceleración de la inteligencia artificial está transformando muchos proyectos empresariales en iniciativas estratégicas y urgentes, elevando la presión sobre un perfil clave: el project manager senior especializado en entornos complejos. Profesionales con experiencia real en la intersección entre negocio, datos y tecnología que hoy son cada vez más difíciles de encontrar y que, además, exigen condiciones y retos de mayor nivel.
“A diferencia de otras olas tecnológicas, los proyectos basados en inteligencia artificial que ahora están implementando las empresas demandan urgencia estratégica, están muy expuestos al riesgo y requieren resistencia organizativa”, asegura Emmanuel Djengue, CEO de Kaatch.co, startup especializada en HR & Project Managers fractional, quien, además, recuerda el papel crítico del project manager, “que ahora deja de ser operativo para convertirse en un rol claramente estratégico”.
Esta situación se ha ido intensificando en los últimos tiempos. “Cada vez recibimos más peticiones de empresas que llevan meses intentando cubrir un mismo puesto sin éxito”, señala Djengue. “Son proyectos competitivos que avanzan con retrasos o quedan bloqueados por la ausencia de un perfil capaz de traducir la IA, los datos y la automatización en impacto real de negocio, gestionar la ambigüedad, asumir cambios constantes de alcance y alinear a stakeholders de primer nivel”.
La demanda se concentra en un grupo muy reducido de profesionales con experiencia contrastada en despliegues de IA a escala, lo que está acentuando la competencia entre empresas y elevando tanto los tiempos de búsqueda como las expectativas salariales y de autonomía de estos perfiles.
“Las compañías que no entiendan que el project manager es hoy una pieza clave en sus iniciativas de inteligencia artificial seguirán acumulando pilotos fallidos y oportunidades perdidas”, avisa Djengue.
La batalla por el talento
Fracasos de gestión que cuestan dinero. “Retrasar un proyecto de inteligencia artificial no sólo aplaza el retorno esperado, también añade meses de coste operativo, incrementa el riesgo de sobrecostes y reduce de forma significativa el valor final entregado”, advierte el CEO de Kaatch.co. Cuando estas iniciativas se bloquean o se paralizan por una mala calidad o una gobernanza deficiente de los datos, el impacto económico puede ser muy elevado. De hecho, según una estimación de Gartner publicada en 2020, los problemas de calidad de datos pueden costar a las organizaciones una media de 12,9 millones de dólares al año.
Por eso mismo, ahora los project managers de alto valor que cuenten con visión estratégica, capacidad de ejecución y conocimiento de entornos altamente regulados y tecnológicos son tan demandados. “Las organizaciones nos piden profesionales capaces de tomar decisiones bajo presión, que sepan priorizar en escenarios de alta incertidumbre y sostener el equilibrio entre innovación, riesgo y resultados de negocio; y que, además, tengan experiencia demostrada en despliegues complejos a escala, comprendan de verdad los flujos de datos y los modelos de gobernanza necesarios para operar con IA, y sean capaces de traducir objetivos tecnológicos en impacto económico tangible”, dice Djengue.
Al mismo tiempo, el propio mercado está empujando a muchos de estos perfiles a replantearse el modelo tradicional de empleo. En un entorno en el que los proyectos de IA tienen picos de valor muy definidos, cada vez más project managers de élite optan por trabajar por proyectos concretos en lugar de asumir un puesto fijo dentro de una sola organización. Este modelo les permite maximizar su impacto, concentrarse en retos de alto nivel, mantener independencia profesional y participar en varias iniciativas estratégicas sin quedar atrapados en estructuras rígidas o procesos internos que diluyen su capacidad de decisión.
Para las empresas, este cambio supone un desafío adicional, “y atraer a este talento exige propuestas claras, proyectos bien definidos, patrocinio real desde la dirección y un marco de trabajo que reconozca el carácter estratégico del rol”, concluye Djengue.

