El reto de la IA ya no es tecnológico, sino saber aplicarla con criterio

Si 2023 y 2024 fueron años de exploración y 2025 el de la adopción de herramientas, 2026 empieza a perfilarse como el año de la adopción de la inteligencia artificial. Las empresas no necesitan más herramientas, sino mejor criterio para integrarla con impacto real en sus procesos, su productividad y su toma de decisiones.

 

En España, el 21,1% de las empresas de 10 o más empleados ya utiliza inteligencia artificial, según el INE. En la Unión Europea, la adopción alcanza el 20% y sube al 55% entre las grandes compañías, según Eurostat. Pero el principal cuello de botella ya no es solo tecnológico, sino de conocimiento. Entre las empresas europeas que han considerado usar IA y todavía no la utilizan, el 71% señala la falta de conocimiento especializado como la principal barrera, por delante de la falta de claridad legal y de las preocupaciones sobre privacidad y protección de datos.

 

Para ISDI, escuela de negocios especializada en negocio digital e inteligencia artificial, estos datos apuntan a una nueva brecha empresarial, la brecha de criterio. La diferencia ya no estará entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes no, sino entre las organizaciones que saben incorporarla de forma integral a su modelo de negocio y las que la usan de forma aislada, táctica o superficial.

 

La paradoja de la productividad: más velocidad no siempre significa más valor

 

Uno de los debates que acompañan esta nueva etapa es el impacto real de la IA en la productividad. Aunque estas tecnologías permiten automatizar tareas y acelerar procesos, su adopción no siempre se traduce de forma inmediata en una mejora del rendimiento organizativo.

Entre los principales desafíos destacan la proliferación de herramientas, la delegación excesiva en la tecnología o la necesidad de mantener la reflexión y el criterio en la toma de decisiones.

La necesidad de criterio alcanza además a toda la organización. Según datos de ISDI correspondientes a 2025, el 35% de los perfiles formados por la institución fueron senior y ejecutivos, el 40% profesionales de experiencia media y el 25% perfiles junior o recién graduados. En paralelo, la escuela impartió 2.500 horas de formación a empresas, con presencia destacada en banca y seguros (27%), automoción (19%), retail (18%), salud y pharma (14%) y consultoría (13%). Para ISDI, esta distribución confirma que el reto de integrar la IA ya no afecta solo a áreas técnicas; interpela a comités de dirección, áreas funcionales y equipos operativos.

 

Formación y talento para una adopción eficaz

 

En esta nueva fase, ISDI ha reforzado también su propio ecosistema educativo e internacional para responder a esa demanda. Fundada en 2009, la institución cuenta con campus en Madrid, Barcelona y Ciudad de México, una comunidad de más de 40.000 alumnos y alumni y un claustro de más de 1.000 docentes en activo.

A ello, suma una nueva etapa académica como Centro Universitario adscrito a la Universidad de Alcalá, desde donde impulsará el Grado en Digital Business, así como iniciativas internacionales como el seminario de inmersión digital en Harvard y el China Business & Tech Seminar, además de su conexión con el emprendimiento y la innovación a través de IMPACT Accelerator.

“La inteligencia artificial está redefiniendo cómo trabajamos, cómo aprendemos y cómo tomamos decisiones”, afirma Basola Vallés, directora general de ISDI. “Por eso el gran reto de esta década no es solo tecnológico, es también educativo, cultural y de liderazgo. Las organizaciones necesitan desarrollar nuevas competencias para trabajar con la IA de forma responsable, estratégica y eficaz”.

“Estamos viendo muchas empresas que creen que están transformándose porque utilizan IA generativa o automatizan tareas concretas”, explica Enrique Hormigo, director B2B – Corporate Sales de ISDI. “Pero usar prompts o probar herramientas no significa transformar procesos o modelos de negocio. El verdadero salto se produce cuando la inteligencia artificial se integra de forma real en la operativa y en la estrategia de la compañía”.

“Todas las empresas tendrán acceso a herramientas similares”, explica Serena Giannuzzi, Chief Operating Officer de ISDI. “La diferencia real estará en el criterio humano que dirija esa tecnología. Saber interpretar resultados, cuestionarlos y convertirlos en mejores decisiones seguirá siendo una capacidad esencial”.

Con esta evolución, ISDI prevé que en 2027 solo una minoría de empresas seguirá sin usar IA. Pero para entonces, eso ya no será lo decisivo. La diferencia competitiva no estará en acceder a la tecnología, sino en aplicarla con criterio humano para lograr productividad y transformación real de los modelos de negocio.

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