SonicWall, compañía global de ciberseguridad con más de 30 años de experiencia, basándose en el Global Cybersecurity Outlook 2026 del World Economic Forum, advierte de que la ciberseguridad ha dejado de ser un ámbito exclusivamente técnico para convertirse en una prioridad estratégica en un contexto global marcado por la incertidumbre geopolítica, la aceleración tecnológica y la creciente sofisticación del cibercrimen. El informe apunta a la necesidad de que las organizaciones se adapten con rapidez a un entorno de amenazas cada vez más complejo y dinámico.
“La inteligencia artificial se posiciona como uno de los principales motores de transformación. El 94 % de los ejecutivos reconoce su impacto en la ciberseguridad, aunque su adopción presenta un doble desafío, mientras las organizaciones la incorporan para reforzar sus defensas, los ciberdelincuentes la utilizan para automatizar y escalar sus ataques, dificultando su detección”, destaca Eduardo Brenes, Territory Manager en SonicWall. Este fenómeno está dando lugar a una auténtica industrialización del cibercrimen y a una nueva carrera armamentística digital.
Como consecuencia, las vulnerabilidades asociadas a la IA se han convertido en el riesgo cibernético de más rápido crecimiento. “Aunque las empresas han intensificado la evaluación de seguridad de sus herramientas de esta tecnología, el ritmo de adopción de medidas sigue siendo inferior al de la amenaza. De acuerdo a ello, la cuestión clave ya no es si adoptar la IA, sino cómo hacerlo de forma segura y responsable”, señala Brenes.
La geopolítica juega un papel cada vez más determinante
Más del 60% de las organizaciones ya incorpora los ciberataques motivados por intereses geopolíticos en sus estrategias de mitigación de riesgos. Los conflictos internacionales han trasladado parte del campo de batalla al ciberespacio, donde infraestructuras críticas, cadenas de suministro y datos sensibles se convierten en objetivos estratégicos.
Esta situación ha llevado a que nueve de cada diez grandes organizaciones hayan revisado sus estrategias de ciberseguridad en respuesta a la inestabilidad global. Sin embargo, persiste un reto estructural relevante como es la falta de confianza en la capacidad de respuesta nacional ante incidentes graves, especialmente en el ámbito público, lo que evidencia la necesidad de reforzar la colaboración entre administraciones y empresas.
En este nuevo paradigma, la cooperación público-privada, el intercambio de inteligencia y la construcción de marcos comunes de resiliencia resultan fundamentales. Las amenazas ya no entienden de fronteras, por lo que las respuestas tampoco deberían hacerlo.
Por otro lado, el auge del fraude cibernético pone de manifiesto el impacto directo de estas amenazas en la sociedad. Según el informe, el 73 % de los encuestados afirma haber sido víctima, directa o indirectamente, de fraude digital, lo que refleja tanto la magnitud del problema como su creciente sofisticación.
Además, se observa una divergencia en las prioridades. Mientras los CEO sitúan el fraude como su principal preocupación, los responsables de seguridad continúan centrados en amenazas más tradicionales como el ransomware o la resiliencia de la cadena de suministro. Esta desconexión subraya la necesidad de alinear la estrategia empresarial con la operativa de ciberseguridad, integrándola plenamente en el núcleo del negocio.
De cara a 2026, la convergencia entre inteligencia artificial, tensiones geopolíticas y nuevas formas de fraude digital redefine el panorama de la ciberseguridad. Las organizaciones que aspiren a mantenerse resilientes deberán apostar por un enfoque proactivo, colaborativo y orientado a la anticipación.
“La ciberseguridad se erige no solo como un elemento de protección, sino como un pilar clave de la confianza, la competitividad y la continuidad empresarial. La capacidad de adaptación marcará la diferencia entre liderar o quedarse atrás”, concluye Brenes.

